Antena 3 nos tiene muy mal acostumbrados. Y no lo digo como queja, todo lo contrario. Nos tiene muy mal acostumbrados porque de un tiempo a esta parte sus series son todo un referente. Apuesta, arriesga y nos engancha con historias originales y tramas adictivas. Y así, normal que les lluevan los piropos. El problema es cuando la prensa ve el producto antes que nadie y se les llena la boca de palabras grandilocuentes. A nosotros, los twitteros espectadores de a pié, se nos sube el hype. Ganas máximas, que diría la rubia de Benidorm. Pero después resulta que nos plantan delante Mar de plástico y, claro, no convence.

Voy a partir del hecho de que la serie no es tan mala. De hecho, yo seguiré viéndola. Le he dado una oportunidad al segundo episodio y no ha sido tan horrible como el primero. Pero Mar de plástico no solo no es tan buena como nos decían, sino que tiene problemas graves. Muy graves.

Para empezar, lo bueno. Atresmedia Cine lo petó con ‘La Isla Mínima’ y está claro que en Mar de Plástico ha sido todo un referente. Referente en detalles de realización, en el escenario y, sobre todo, en la fotografía. Una fotografía muy interesante, sí. La serie tiene un color estupendo… Hasta que llevas ya una hora de interiores y exteriores, días y noches, que parecen tener el mismo color y la misma luz. De pronto, se te pasa por la mente, ¿no se les habrá ido la mano con el color? Bueno, da igual. Estéticamente, compro.

También me convencen los actores. Sobre todo un Patrick Criado que es la gran luz de esta serie. Hacer de niño bien, mimado, lo borda, y en Mar de Plástico vuelve a lucirse, aún siendo solo un secundario del que mucho no sabemos. Junto a él, un elenco de actores solventes, con mucha cara desconocida y sí, con actuaciones mejorables. Empezando por Rodolfo Sancho que, será la gran estrella, pero no acaba de construirse un personaje natural con el que podamos empatizar con más facilidad de la que nos costaría enamorarnos de una pared. O Jesús Castro, la estrella prefabricada salida de otro de los taquillazos de los últimos tiempos: El Niño. Guapito de cara y se enfada muy bien pero, aunque se agradezca que por una vez el guapo no tenga cuerpo de tronista, cuando no está enfadado es un actor más bien mediocre.

La apuesta ha sido clara. Han ido a por el thriller clásico, el que ya nos vendieron con Bajo Sospecha, pero aquí con la clave de la ambientación y localización que tan bien le ha resultado a El Príncipe. La apuesta ha sido clara y sobre el papel convence. El problema llega en pantalla. Mar de Plástico es un ejercicio pobre de ambientación. Lo intentan con la fotografía y con los acentos, pero en el piloto abandonan el terreno de la música, metiendo temas en inglés haciendo que parezca que estamos más en un videoclip que en un thriller desgarrador en lo más profundo de Almería. Eso sí, en el segundo episodio la banda sonora sí parece ayudar algo más o, mejor dicho, estorba menos.

Cuando digo que lo intentan con los acentos es porque la cosa se queda en un mero intento. Dicen los entendidos twitteros almerienses que los acentos de los actores no son en absoluto de la zona. Yo y mi acento de Lugo a tanto no llegamos pero, aún así, sí me ha chirriado el batiburrillo que se han montado, con cada actor hablando de una forma. Unos tienen acento y otros no. ¿Por qué? ¡Vete tú a saber! Y de los que tienen acento, cada uno me ha sonado de su padre y de su madre. Pero la cosa no queda ahí, sino que Mar de Plástico sube la apuesta metiendo más acentos todavía: gitanos, rusos y guineanos. Una absoluta locura hecha con muy poca naturalidad. La historia pasa a un papel secundario ante tanto artificio y casi parece que estemos ante una nueva edición de Pokèmon Acentos: ¡Hazte con todos! Solo a mitad del segundo episodio he logrado empezar a acostumbrarme y empezar a prestar atención a la trama.

Los acentos despistan de la historia, pero no es solo culpa suya. La historia tiene su buena parte de responsabilidad. Su ritmo no es desde luego lo mejor. En muchos momentos avanza tan despacio que te invitan enérgicamente a echar un ojo “a ver qué echan en Telecinco”. La trama, mejorable. Si el planteamiento de un cadáver mutilado en ese lugar sí resulta atractivo, el desarrollo posterior deja mucho que desear. Resulta inverosímil que todo se produzca como nos lo cuentan. Se ven las manos de unos guionistas ansiosos de convertir en héroe a un protagonista que no hace más que resaltar lo obvio donde el resto han sido ineptos. Uy, sale sangre de los regadores del invernadero, pero a nadie se le ocurre ir a mirar qué pasa en el tanque del agua hasta media vida más tarde. Tratan de tonto a un espectador que ya tiene el culo pelado de investigaciones policiales en televisión. Y así, no vamos a ninguna parte.

Según avanza la trama, según nos van presentando mejor a los personajes y nos permiten conocerlos, según nos vamos acostumbrando a la luz y, sobre todo, a los acentos. Según vayan avanzando capítulos, Mar de Plástico nos parecerá mejor. Es más, conociendo a la productora, seguramente acabemos disfrutando de un thriller más que interesante. Pero esto no es más que pura confianza ciega.

Yo quiero confiar. Quiero pensar que va a ir a mejor, que ha sido simplemente un pobre arranque de un buen misterio. Y por eso el próximo martes volveré a ver la serie. Pero va a ser su última oportunidad. Los espectadores buscamos en una serie mucho más que las palabras grandilocuentes de la prensa. Si esta va a ser la mejor serie de la temporada,  paren máquinas, que yo me bajo. Queremos más y mejor, porque sabemos que es posible.