Si crees que Girls es un buen reflejo de toda una generación de jóvenes está claro que vives en una casa de chocolate, en la calle de la piruleta, en el barrio regaliz de una ciudad de mazapán. Ha llegado la hora de que nos enfrentemos a nuestros demonios y asumamos la realidad que ocurre fuera de las paredes de esa habitación en la que nos encerramos a ver series. Porque el mundo no es de color de rosa, hoy te propongo que te sientes a ver el último reality de MTV: Super Shore. Tal vez empieces a ver la vida muy negra pero… y lo que te habrás reído, ¿qué? ¡¿Qué?!

Super Shore viene a elevar a la máxima potencia la franquicia Shore que, por si no eres de este planeta y no sabes de qué va, te resumo que consiste en llevarse a ocho veinteañeros salidos a pasarse las vacaciones de su vida a una ciudad costera. Ocho chonis (más o menos) que dan rienda suelta a sus pasiones y aficiones en una alocada convivencia que difícilmente te dejará indiferente.

El programa nació como Jersey Shore, en EEUU, pero pronto tuvo su versión en Reino Unido (Geordie Shore), México (Acapulco Shore) y, sí, también en España (Gandía Shore). Pues bien, Super Shore llega para rizar el rizo. Tres componentes de Gandía Shore más cuatro de Acapulco, acompañados por una italiana y un brasileño. Un elenco internacional para un programa tan loco como divertido.

Lo fundamental es que no te tomes en serio nada de lo que vas a ver. Sí, es real. Ha ocurrido. O ha ocurrido más o menos, ya que el montaje de este programa es muy tramposo. Pero da igual. Veas lo que veas, créetelo pero no te lo tomes en serio. No te lo tomes en serio porque nadie en el programa lo hace. Aquí los protagonistas no son los doce inocentes que entraron a la casa del primer Gran Hermano. Estos son chicos y chicas que saben a lo que van, que saben qué se espera de ellos y que no tienen ningún reparo en dártelo. Es un mes de sus vidas que nos regalan para nuestro disfrute.

Podríamos rasgarnos las vestiduras y criticar cómo se entregan al alcohol y disfrutan deshinibidamente de sus cuerpos (si es que esto último tiene crítica, pero eso ya es otro debate). Podríamos poner el grito en el cielo como hacen muchos. Pero piensa por un momento que podríamos no hacerlo y, simplemente, sentarnos a verlo.

Pongas como te pongas, Super Shore es diversión. Para ellos y para nosotros. ¡Anda que no nos vamos a reír! De ellos y con ellos, no te creas. Hay de todo. Pero también es emoción. El programa tiene su parte de culebrón. Hay parejas y hay enemigos. Hay celos. Hay cuernos. Hay provocación. ¡Es el sueño de Shonda!

Pero lo mejor de todo es que Super Shore está muy bien contado. La labor de montaje es brillante. En todo momento sabes cuál es la dinámica del grupo. Sabes quién puede liarse con quién y quién le va a montar la bronca a quién. Las tramas están muy bien definidas, perfectamente estructuradas para que todo resulte entretenidísimo y, sobre todo, tienen los finales genialmente elegidos para dejarte en ascuas. Vamos, que es como ver cualquier serie de ficción. Hay capítulos de Skins, sin ir más lejos, que no ofrecen más de lo que puede ofrecernos Super Shore.

Por eso quiero animar a todo el mundo a ver este reality. Si te ves con fuerzas de reirte, tienes que verlo porque lo vas a disfrutar. Y si no, si crees que te vas a sentir más escandalizado que otra cosa, tendrás que verlo, como mínimo, por su labor documental. Eso es lo que nos aguarda ahí fuera de nuestras pantallas. Y quién sabe, quizás a golpe de “hagas lo que hagas, quítate las bragas” descubras que, a veces, reírse en vez de llorar no solo es mejor sino también más divertido.