El noveno capítulo de Game of Thrones nos lleva sorprendiendo desde tiempos inmemorables temporada tras temporada. Este no ha sido la excepción: por algo los productores lo han elegido para optar a los 68º premios Emmy  -¡con toda la razón del mundo!- y tampoco en vano tiene la secuencia más grande jamás rodada en una serie.

La expectación era enorme. Teníamos ganas de #BastardBowl, teníamos ganas de que nos sorprendiesen, sabíamos que lo íbamos a pasar mal, pero nos daba igual. Esto es Juego de Tronos, donde están los capítulos de infarto, los que te hacen gritarle a la pantalla a pleno pulmón «¡corre en zigzag! ¡No hace falta un máster para eso, joder!» hasta en sueños y te dejan sin uñas. Si las has conservado, desde luego esta no es tu serie –o tienes la calma de Lyanna Mormont, claro-.

Atención: spoilers. No sigas leyendo si no has visto el 6×09. Cuidado, ¿por qué sigues leyendo si no lo has visto? Ya tenemos bastante con los que, tras seis temporadas, siguen poniendo «John» en lugar de «Jon». ¡¡No te conviertas en un cansino tú también!!

DRACARYS

Gracias a los Grandes Amos, empeñados amablemente en que la Bahía de los Esclavos vuelva a hacer honor a su nombre, sigue lloviendo fuego en Mereen. Sí, atacar con fuego la Gran Pirámide conquistada por la Madre de Dragones no es de ser muy listo; no saben que ella es tan ignífuga como la figura del ciervo de Shireen y se ve que tienen ganas de reunirse con los khal-cinados, qué le vamos a hacer, al menos lo intentaron. Eso sí, la ilusión les dura hasta que Daenerys decide dejar de pronunciar títulos y hacer algo.

🎶 «Volando voy, volando vengo» 🎶

Nuestra Khaleesi ya pilota a sus hijos como quiere, de la noche a la mañana se ha convertido en la César Millán 2.0. pero, en fin, francamente tampoco había demasiado tiempo para entrenar y sí mucho por quemar antes de acabar sin paciencia y quemada de verdad. Mientras tanto, el Lannister le ha dado un tyrion de orejas a los Amos, sólo por si acaso. Y de paso otro a Daenerys para aplacar su ira y evitar una tormenta que repitiera los errores del Rey Loco, es decir, que se le fuera la cabeza. Y eso es algo que suele ocurrir bastante en esta serie… Así que mejor, pragmatismo ON.

Pero lo mejor de lo mejor ha sido ver a Yara y Daenerys compitiendo con Tormund y Brienne por ser la pareja de moda esta temporada, y lo sabéis. Sí, porque Yara Greyjoy ha logrado lo que Jorah La Exploradora nunca pudo: que la Khaleesi le mire con cara de deseo.

VENGANZA ES NOMBRE DE MUJER

Llegamos a la parte que realmente nos interesa: #TheBattleofTheBastards, el enfrentamiento más esperado del año en televisión y fuera de ella, con unos de los treinta minutos más tensos, duros y épicos jamás vistos.

La tensión comienza a sentirse ya cuando Juan de las Nieves le pide a Melisandre que si la cosa se ponía más fea que Joffrey en la Boda Púrpura no lo resucitara –de nuevo-. La sacerdotisa más veterana se encomienda al Señor de la Luz, que se ve que sólo actúa a oscuras, porque en la batalla luz, lo que se dice luz, pues no ha arrojado mucha el majo. Que se lo digan a RIPcon

«¿Ves aquello? Es tu muerte desde que reapareciste. ¡Corre! O mejor… ¡No corras! Besis»

El pequeño de los Starks estaba muerto hace ya varias semanas, sólo que no le habían avisado. Ramsay se ha recreado con él como más le gusta: jugando con su ilusión. El de los Jackson Five se ha quedado sin aire, ha corrido, ha brincado, ha atravesado un campo de batalla más ancho que el campo de fútbol de Oliver y Benji… en línea recta. Y lo que sucedió a continuación te sorprenderá.

Mientras su hermano Juan de las Nieves se acercaba, mientras Ramsay troleaba casi más de lo que ha troleado en toda la serie fallando cada disparo, no nos preocupaba su vida de Stark: lo único que pensábamos era ¡en zigzag! ¡¡Que el Señor de antes arroje algo de luz en su cerebro!! Pero no. Sus neuronas eran Nadie.

«Cuando el Tribunal del TFM empieza a hacerte preguntas»

A continuación hemos podido ver un combate desde dentro, el caos, la sangre, el sufrimiento, toda la intensidad que una batalla requería sin dejarse nada en el tintero, tanta que la angustia por la posibilidad de que Tormund pudiese morir (y con él que Cómo conocí a Brienne se convirtiera en Cómo no lo conocí gracias a Ramsay) no nos dejaba ni respirar. Aunque eso que se lo digan a Juan Nieves, que casi nos lo ahogan y lo perdemos… otra vez.

Por suerte parece que Sansa no había perdido la cabeza mandando cuervos porque ha aparecido en el momento más oportuno. Por eso ha tardado en llegar, como había visto que la cosa se ponía más que chunga, había ido a buscar a su premoh Arryn y a su pequeño ejército. ¿Que cómo han llegado tan rápido desde tan lejos? A ver, ¿cómo pensáis que han llegado Yara y Theon en un abrir y cerrar de ojos a Mereen? ¡Claro: con Transportes Baelish! ¡Para eso está Meñique y su empresa de apariciones!

Eso sí, se han hecho un poquito de rogar (ya nos estábamos imaginábamos un «espera mi llegada con la primera luz del quinto día, al alba mira al este»), aunque ha valido la pena que Meñique le echara una mano a la Stark. Ay, Sansa, y parecías Sosa cuando te compramos, hace ya cinco temporadas.

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Ahora Sansa pasa por al lado del cadáver de su hermano y ni se inmuta. Cómo se nota que ha aprendido de la frialdad de las mejores diosas (cof Cersei cof); de dama que vive en un mundo idealizado tiene cada vez menos: por fin se ha dado cuenta de que la gente es vil y, sobre todo, ha visto que debe luchar por lo que es suyo, o al menos mover ficha, porque si no nadie más lo hará.

«No os preocupéis, la casa Bolton no ha perdido todos los herederos mientras Troy Bolton viva»

Se ha forjado de lleno en el juego de tronos y ahora es ella la que quiere jugar con Ramsay y le dice a Juan Nieves con la mirada que el Padre del Sado es asunto suyo y sólo suyo. Con un par de ovarios, Sansa quiere que desaparezca dándole de su propia medicina, así que decide vengarse mandándole a sus propios perros que, al ver que Ramsay es tan adorable, comienzan a tener ganas de comerle la cara. Él, tan animalista, no puede decir mucho porque le ha mordido la lengua el perro. Literalmente. Cosas de la vida. Hasta siempre, Ramsay (cada vez que veamos una manzana te recordaremos) y gracias, Iwan Rheon (#EmmyforIwan).

En definitiva, la joven Stark vuelve a sonreír porque Ramsay ha tenido una muerte de perros y, ¡hala!, por fin SANSAcabó el problema. Uno de ellos al menos.