Por fin ha terminado la quinta temporada de Game of Thrones. Tras 10 capítulos, el pasado domingo se ponía final a la que, a mi parecer, ha sido la peor temporada de la serie, y la season finale ha sido un ejemplo perfecto de todo lo que ha fallado en esta última temporada. Este balance de la 5ª temporada de Game of Thrones contiene SPOILERS de toda la temporada y, especialmente, del último capítulo.

Vaya por delante que no soy un talibán de los libros, y no rechazo cualquier cambio únicamente por el hecho de diferir de los libros. Ya todos nos sabemos la cantinela de que literatura y televisión son medios diferentes y bla, bla. Pero, mal que les pese a algunos, la fidelidad con respecto al libro es un elemento clave a la hora de valorar la serie y, concretamente, esta temporada, pues las escenas en que la serie se desviaba totalmente del libro han sido, en su mayoría, las que han alcanzado las mayores cotas de vergüenza ajena. Esto viene a demostrar que no habría problemas en crear una historia paralela a los libros si el material nuevo estuviera a la altura, pero cada vez que estos guionistas se desvían del material original lo único que consiguen es embarullar tramas y deformar personajes, creando incoherencias no ya con el libro, sino con lo visto hasta ahora en la serie.

Guionistas de GoT pensando cómo cagarla cada vez más.

El caso más flagrante de tales deformaciones es Stannis, personaje al que se cargaron en el momento en que decidieron que uno de los (supuestamente) mejores estrategas de Poniente decidiera quemar viva a su hija para intentar ganar Invernalia. Eso sí, no sin antes llenarnos la temporada de escenas entrañables padre e hija para luego soltar la bomba e impactar al espectador, sin importar que eso retuerza la esencia del personaje con tal de sorprender. Y lo visto en el capítulo de hoy ha terminado de cargarse al personaje (literal y metafóricamente), con un ejército ridículo avanzando hacia Invernalia sin estrategia ni plan ninguno, a verlas venir.

En cuanto a tramas absurdas, la de Dorne se lleva la palma, y va de la mano del retroceso de otro personaje, en este caso Jaime. El momento en el que le cortan la mano debería haber sido (y, de hecho, fue) un punto de inflexión para Jaime, convirtiéndose en un personaje reflexivo y consecuente que ha aprendido a la fuerza que no es intocable, y que llevar el apellido Lannister no le garantiza poder hacer lo que quiera con una sonrisa socarrona sin que haya consecuencias. Esa evolución quedó muy bien plasmada en la tercera temporada, y la cuarta la mantuvo con decencia, pero este año han decidido mandarla a paseo para volver a ponernos al Jaime antiguo, el que no piensa en las consecuencias y confía sólo en su arrogancia para que todo le vaya rodado. Es así como decide entrar en Dorne a saco, sin plan ni nada para rescatar a Myrcella, y hasta Bron le comenta lo absurdo que resulta.

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 Y es que esta temporada me obliga a volver a lo mismo, los libros. Estoy lejos de considerar a George R. R. Martin un genio de la literatura, y la saga no me parece la maravilla que ahora todo el mundo dice, pero si hay algo que se le puede adjudicar es lo bien estructurada que está, la minuciosidad con la que encajan todas las partes y la maestría con la que Martin llena las páginas de miles de pistas que apoyan lo que está ocurriendo o lo que va a ocurrir. Con una fuente tan sólida y bien pensada, lo mínimo que deberían considerar los guionistas de la serie es que, si van a desviarse de dicho material, doten a las nuevas tramas de la misma solidez y preparación porque, de lo contrario, no solo dichas tramas se caen bajo su propio peso, sino que desentonan enormemente comparándolas con temporadas pasadas. Y es justamente eso lo que ha ocurrido con Dorne. Un plan ridículo, unas reacciones absurdas de los personajes y una caracterización plana y burda (mención especial para las Serpientes de la Arena) para que al final…nada. Toda esa trama no ha servido de nada, no ha aportado nada y acabamos la temporada como la empezamos, puesto que si Jaime no hubiera ido a Dorne, las serpientes habrían matado igualmente a Myrcella y habríamos ahorrado un tiempo muy valioso.

Pero bueno, en general esta temporada ha sido la que ha tenido el nivel más mediocre de todas. En anteriores temporadas era una delicia ver a los personajes interactuar porque hasta las conversaciones más aparentemente banales escondían una fuerza, una interpretación o una personalidad estupenda (lo cual se deriva de estar muchas veces extraídas casi palabra por palabra de los libros). Esta temporada todo eso se ha perdido, y las conversaciones de ese tipo brillan por su ausencia, teniendo que asistir, en su lugar, a escenas donde las Serpientes de la Arena juegan a palmas palmitas, o a la bochornosa conversación de Myrcella con Jaime en este último capítulo, más propia de una telenovela venezolana que de una serie de la HBO (“oh, Jaime, sé que soy tu hija, y me alegro, creo que siempre lo supe…”).

Por otro lado, este final de temporada ha confirmado lo que yo llevaba ya algún tiempo pensando, y es que la serie ha caído presa de su propio embrujo. Sabe lo que los espectadores esperan de ella (giros de guion brutales y muertes sorprendentes), y pone todos sus esfuerzos en pulir esos momentos…a costa de desentenderse de todo lo demás. La lógica geográfica hace tiempo que dejó de existir, y la serie ni siquiera lo disimula. Si en el anterior capítulo Jon llegaba al Castillo Negro por el norte del muro pese a que no tiene ninguna lógica (y únicamente para forzar la escenita tensa sobre si le abrirán o no la puerta), hoy Melissandre ha llegado al Muro ella sola a caballo en 20 minutos. ¿Dónde ha quedado ese Poniente extenso y escarpado que Arya tardó muchísimos capítulos en cruzar? No lo sé, pero ahora cualquiera se lo recorre en de arriba abajo en un par de días. Poniente es Murcia.

Hemos tenido una temporada sosa y lenta, donde ha ocurrido muy poca cosa (y sí, me sé la cantinela de que esta serie no va de batallas y luchas, pero las cosas como son, la temporada ha avanzado muy poco salvo en contadas tramas) y, de repente, se nos mete a piñón en el último capítulo una cutre sucesión de cliffhangers sin ton ni son, como para justificar todo lo anterior y tratar de salvar la temporada. No hay preparación, no hay progresión, todo pasa muy rápido y muy forzado. Como nos plantaron anteriormente que Brienne iba a ser la que acabara con Stannis, meten a presión que han acabado con todo su ejército…menos con él. Vaya qué casualidad, se han olvidado del mismísimo Stannis, todo para que pueda aparecer Brienne, matarle, y a otra cosa. ¿Theon? Pues tres cuartas de lo mismo. Ahora de repente es capaz de revelarse contra Ramsay y salvar a Sansa, ni siquiera lo han planteado en un contexto lo bastante fuerte como para que ese cambio tan radical tuviera sentido, pero claro, eso implicaría dedicarle más minutos y un tiempo más pausado que favorezca la fluidez. Pero esto es una season finale  de GoT, no hay tiempo para eso. Arya de repente está en el burdel, con una cara nueva y pum, muerto. ¡Siguiente! Sam, ¿qué haces ahí? “Pff, nada tío, vengo corriendo a decirle a Jon que me mande a Antigua”. Pero, ¿así tan de repente? “Sí tío, es que sé que lo van a matar dentro de 20 minutos y yo no debería estar aquí para verlo, que me mande rapidito lejos, que hay mucho que contar.” Y así con todo.

“Pero, madre, ¿y tus amigos?”. “¿Amigos, qué amigos? ¡A la aventura!”

 Con Tyrion ha ocurrido algo similar. Pensar una manera de sacarlos de las arenas para que pudieran escapar de las arpías y llegar a la pirámide era demasiado esfuerzo, así que mejor usamos una elipsis, y nos quitamos el marrón. Ya están a salvo en la pirámide y, de alguna manera, se queda Tyrion como gobernante de Meereen. Al menos lo último que hemos visto de Daenerys ha sido decente y bien tratado, salvo por el hecho de que los Inmaculados han pasado de ser los soldados más maravillosos del universo a ser unos cualesquiera que caen como moscas esta temporada. Y todo porque era “necesario” para el guión. El problema, como ya he repetido, es el mismo: si cambias el 90% de una trama pero mantienes intactos ciertos puntos clave, tienes que asegurarte de que ese porcentaje inventado encaje con lo poco que mantienes fiel o, de lo contrario, se romperá la fluidez y la progresión argumental y crearás una sensación de que las cosas pasan porque sí, porque el guión lo exige, sin lógica ni evolución natural.

Lo único verdaderamente decente ha sido lo de Cersei y lo de Jon. ¿Por qué? Pues precisamente porque se han tomado su tiempo en desarrollar esas tramas, en dedicarlas los minutos que hiciera falta, a diferencia del resto de frentes que apelotonan unos contra otros de cualquier manera. El paseo de Cersei ha sido duro e intenso (dejando de lado lo cantoso del CGI que han usado para poner la cara de la actriz sobre el cuerpo de un doble en los planos generales), y la muerte de Jon, trágica y dolorosa. Sí es cierto que la serie se ha dejado de sutilezas y tiene tan mala imagen de sus espectadores que siente la necesidad de mostrar cada capítulo a Qyburn comentando que sigue trabajando con La Montaña, o mostrar cien miradas asesinas del niño a Jon, para dejar claro lo que va a pasar. Pero bueno, pedirle sutilezas a esta serie es, a día de hoy, pedirle peras al olmo.

Y, por último, quería hablar de Meñique. Casi me olvido de él. Y no es de extrañar, puesto que la serie también se ha olvidado de él. Su personaje es otra de las pruebas de que la serie de la HBO ya no se esfuerza. Durante las anteriores temporadas (y gracias a las pautas mostradas por la historia de Martin) se le ha retratado como un estratega minucioso, un jugador muy inteligente y eficaz. Y la serie ha confiado en que esas características fueran lo bastante fuertes como para poder hacer lo que quieran con el personaje sin problemas. Su trama de esta temporada no ha tenido ningún sentido, el hombre que todo lo controla ha dejado su suerte (y la de Sansa) al azar, en manos de los Bolton, tomando una serie de decisiones tan arbitrarias que no solo no encajaban con el carácter de Meñique sino que, de salirle, bien, sería gracias a pura suerte. Por supuesto, la serie ha conseguido su propósito, que los espectadores confíen tanto en la fachada del personaje que todo el mundo dijera: “bueno, esperaos a ver cómo se resuelve la trama, seguro que Meñique vuelve y revela cuál era su plan desde el principio.” Pero, de nuevo, la respuesta es no. Meñique no ha vuelto a aparecer, confirmando así que su plan de entregar Sansa a los Bolton es un sinsentido total y no respondía a un propósito mayor oculto. Balance de personajes ignorados: Meñique, Margaery, Loras, Lady Olenna. Balance de personajes destrozados: Barristán, Stannis, Jaime, Meñique, Los Inmaculados, todo Dorne.

En conclusión, que desde el punto de vista de un lector, y aunque a mucha gente le irrite que se mencionen los libros constantemente, cada vez que D & D sacan su vena creativa e ignoran la historia de los libros, llenan la serie de relleno intrascendente, de tramas absurdas o de personajes deformados, rompiendo la calidad constante que, hasta hace un año, llevaba la serie. Y, teniendo en cuenta que la próxima temporada será 100% territorio desconocido tanto para lectores como para no lectores, y que seguramente se aprovecharán de eso para inventar cada vez más cosas, las posibilidades de que la serie siga bajando en calidad conforme pasen las temporadas son muy altas. Una verdadera pena.